INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA COGNITIVA DE LA EDUCACIÓN
Dos acontecimientos serán decisivos para que el cognitivismo
empezara a ganar terreno frente al conductismo:
1. Por un lado, en la Universidad de Harvard
se funda el Centro de Estudios Cognitivos, dirigido por George Miller y Jerome Bruner;
2. Y paralelamente, se publica el libro “Planes y estructura de la conducta”, firmado por el
omnipresente Miller, junto con Eugene Galanter y Karl Pribram. Ya en 1967, Ulric Neisser
utiliza el nombre de “Psicología cognitiva” para titular su libro. Neisser (1967) define la
cognición como el conjunto de procesos mentales a través de los cuales las entradas
sensoriales se transforman, se reducen, se elaboran, se almacenan, se recuperan y se usan. La
cognición, para Neisser, se refiere a todo lo que el ser humano puede llegar a hacer con su
mente.
El auge del cognitivismo desde los años sesenta del siglo XX acabó consolidándolo
como la orientación teórica predominante en la psicología estadounidense, trasladándose
esta tendencia a la europea e instalándose como el modelo de observación mayoritaria en el
estudio del comportamiento.
La preponderancia del paradigma cognitivista supuso un
cambio en la noción de ser humano manejada por la psicología, pues, frente al conductismo,
el cognitivismo destaca la imagen de la persona como procesadora-interpretadora de la
información circundante, favoreciendo una visión esencialmente racionalista de la naturaleza
humana.
Siguiendo a Munné (1989) pueden señalarse cinco supuestos básicos que se
desprenden de la conceptualización que el cognitivismo hace del ser humano:
1.− La persona es procesadora activa de información e interpretadora de la realidad.
2.− La interpretación de un estímulo depende tanto de las características de éste como de
las expectativas del perceptor.
3.− La persona intenta organizar cognitivamente su experiencia, y esta organización
incluye una selección y una simplificación de contenidos mentales y de la realidad
circundante.
4.− La organización mental de la realidad tiene como función proporcionar una guía
para la acción y una base para la predicción de esa acción.
5.− Todo lo anterior es igualmente aplicable tanto a la actividad mental cognoscitiva
como al comportamiento de interacción social.
La noción de ser humano que presenta el cognitivismo fue uno de los motivos que
facilitó su gran auge dentro de la psicología estadounidense. El hecho es que el conductismo
presentaba una noción antropológica que, implícitamente y aun sin pretenderlo, dejaba
entrever dudas acerca de algunos de los valores fundacionales de los Estados Unidos, tales
como el libre albedrío, la preeminencia del raciocinio o la capacidad de elección. Las
propuestas cognitivistas, por el contrario, permitían mantener explícitamente a salvo esos
valores legitimadores del American way of life.
El emplazamiento central de los procesos internos −mentales− supuso ya una
manifiesta oposición al conductismo, pues el interés primordial de las teorías cognitivistas
radicará en su voluntad de explicar cómo las personas organizan sus interpretaciones de la
realidad. El cognitivismo quiere explicar cómo las personas interpretan el mundo que les
rodea, cómo la gente piensa en las cosas que les ocurren y ocurren a su alrededor, y cómo
piensan que piensan sobre el mundo (Fiske y Taylor, 1991).
La investigación cognitivista no
se limita al estudio del comportamiento observable, pues su interés está en lo que los
conductistas habían desdeñado: la mente, la “caja negra” del conductismo.



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